La elección del nuevo Papa Francisco I fue una gran sorpresa para todos, ya que es el primer Papa americano en la historia, y aparte es latinoamericano y Jesuita. Durante su consagración como sucesor de Pedro se pudo apreciar que él no siguió el protocolo normal del vaticano, como llevar ciertas vestimentas, o ir en el papamóvil por la plaza, sino que eligió un jeep descapotado en su lugar. Lo primero que hizo fue pedir que rezaran por su predecesor, Benedicto XVI, y que rezaran por él para que Dios le de las fuerzas para guiar a la Iglesia. Estos actos nos muestran que él es un Papa sencillo, humilde, que va a romper con el antiguo orden de la iglesia, y la va a reformar en algo mejor. Llego hasta decir que le gustaría “una iglesia pobre y para los pobres”.
Su elección, al ser un papa latinoamericano, podría significar que el cristianismo en esa región se sienta motivado y revigorado, ya que por fin se elige a un Papa no europeo después de siglos. Además, tras su elección, se notó un elevado número de turistas americanos en el vaticano por semana santa. Este fue considerablemente mayor que en años anteriores, y llego a un 83% la tasa de ocupación hotelera en Roma por esas fechas. La mayoría venían de países como Chile o Argentina, pero los estadounidenses no se quedaban muy atrás. El efecto real que tenga sobre el cristianismo en américa está aún por verse, pero se piensa que va a ser grande. Ójala que el nuevo Papa signifique las tan ansiadas reformas a la iglesia, y una reestructuración de esta.
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